Thierry Mandon, surrealismo entre lo público y lo privado



Tomar el almuerzo con la consiguiente siesta, ver tu programa favorito en la televisión, preparar el baño para sumergirte entre las aguas desde las que emergen cientos de miles de pompas de jabón. 


O probarte delante del espejo las últimas prendas que estimas (que de forma más o menos afortunada) marcarán tendencia la próxima temporada. Son en resumidas cuentas y a groso modo actividades que forman parte de nuestro ámbito privado. 


Por lo tanto procuramos como individuos discretos y pudorosos no compartirlas más allá de nuestro círculo más próximo de amistades, y siempre que se puede con las más absoluta discreción posible. Algo que instalados como estamos en plena era de la biotecnología y las telecomunicaciones. 


Donde el valor de un smartphone de última generación, reside en su capacidad y rendimiento multimedia es prácticamente una misión herculea sino imposible perservar nuestra intimidad sin sacrificar una determinante cuota de nuestra vida social. Habiéndose llegado con el paso del tiempo a un acuerdo de mínimos. 


Por el que como individuos celosos de nuestra privacidad renunciamos a parte de nuestra intimidad, a cambio de alimentar nuestra vanidad y ego. Algo que hacemos fundamentalmente a traves de exponernos en las redes sociales en las que no exhibibimos en ocasiones renunciando a nuestro pudor y sin criterio objetivo. 

A modo de cuadro sobre la pared desnuda Thierry nos interroga sobre nuestro concepto de intimidad 

Esta situación se incentiva además si existe la posibilidad de obtener un retorno económico, entonces ya cualquier prejuicio latente sobre nuestro derecho a la intimidad practicamente se diluye, ante la expectativa de obtener más o menos beneficios. 


Plusvalías que en buena parte de las ocasiones son poco más o menos que decepcionantes, no llegando a satisfacer el mas mínimo de nuestros codiciados objetivos de notoriedad. Decepción que lejos de disuadirnos suele alentarnos para que en sucesivas ocasiones, nos abramos en canal ante una audiencia que reclama de forma voraz.


Mas contenido relacionado con la narrativa que hemos ido construyendo y ofreciendo a nuestros cada vez más numerosos seguidores, que nos reclaman, nos sugieren, nos motivan y en muchas de forma caprichosa y arbitraria nos desbordan. 


Cómo si fuera un funambulista el artista Thierry Maldon realiza performances en las que escenifa escenas familiares diluyendo los límites entre lo público y lo privado. 


Creando situaciones en ocasiones que pueden llegar a comprometernos y resultar realmente embarazosas, algo que supone un dasaafio en la mayoría de los casos hasta el extremo que perdemos la noción de la realidad. Ya  que no sólo no tiene consecuencias sobre nuestra esfera privada. 


Sino que lo que conocíamos como realidad hasta hace relativamente poco tiempo se difumina en un marasmo de unos y ceros, elementos básicos a partir de los que se construye la era digital, en la que nosotros como individuos mutamos nuestra identidad. 


Utilizando un lenguaje en síntesis y práctica más profano y cercano a una estética netamente barroca así como austeras en su ejecución. El artista Thierry Mando con sede en la localidad francesa de Ardeche


Las performances de Thierry actúan sobre los sentidos relacionados con la memoria y la esfera de lo privado

Realiza intervenciones utilizando ese espacio digamos neutro que camina furtivamente entre lo exogeno y lo exogeno, como por ejemplo puede ser el muro de carga de un edificio. A través de las que escenifica escena familiares, en las que aplicando técnicas que mezcla el arte urbano y la performance ofrece a los espectadores casuales escenas hogareñas creando un vínculo instantáneo. 


Con el espectador que apenas puede salir de su asombro cuando camina por la calle y tras alzar su mirada contempla a Thierry encamado y leyendo placidamente un libro. Hecho trivial que por si solo no debería llamar la atención de ningún transeúnte. 


Pero que cobra un inusitado interés cuando el contexto en el que se desarrolla la escena se sale de lo habitual y doméstico. Debido a que el que espera a que le encuentre el sueño de Morfeo tendido en un jergon, está suspendido a una considerable altura ajeno a lo que sucede a pocos metros a ras de suelo. 


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Encaramado casi siempre en una cornisa que uno deduce que antaño compartía con otra vivienda contigua. Visión casi surrealista de una persona que recupera (no sin cierta osadía) la memoria de un espacio y su uso. 


Realizadas en un periodo de tiempo que cubren los últimos veinte años, se trata de propuestas donde se cuestiona el concepto de arquetipo en relación a su espacio preasignado, vulnerando este código social muchas veces rigido hasta lo absurdo cuando se debate sobre las mitaciones entre lo público y lo privado. 


Este dilema público/privado se acentúa aún más si cabe en aquellas propuestas donde el espacio pierde su horizontalidad como en inside Outside de 2015 que es sucesora de Tableau Vivant de 2008, donde está dualidad se representa visualmente de forma casi plástica. Cómo casi se tratara de cuadros colgados de una pared expuestos para que cualquiera los pueda admirar. Creando un sustrato donde la ficción se confunde con lo doméstico y viceversa. 





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