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Viaje ancestral a los últimos caballos salvajes de España


Apenas quedan vestigios de las manadas de caballos salvajes que hace miles de años galopaban en libertad por las estepas de diferentes partes del mundo. Los que todavía gozan de ese estado no se pueden considerar salvajes pues a día de hoy según los últimos estudios se trata de razas que tras ser introducidas por poblaciones de colonias invasoras. 


Sustituyeron a las razas originarias que habitaban en ese area concreta que fueron exterminadas. Ese es el caso de la especie Przewalski los últimos equinos que se consideraban verdaderamente salvajes del planeta, y que todavía se pueden ver galopar en estado de libertad por las estepas entre Mongolia y China, son, en realidad, ferales. Desciendiendo de los primeros caballos domesticados que se conocen y que están asociados a los Botai, una población que vivió al norte de lo que hoy es Kazajastán hace alrededor de cinco milenios años. 


Por lo que desde un prisma científico en términos biogeneticos ya no quedaría ningún vestigio de las razas ancestrales de caballos salvajes. Aún así todavia se pueden visitar una diversidad de parajes naturales, donde el viajero puede disfrutar contemplando la estampa de este hermoso animal trotando en libertad. Ya sea en espacios protegidos como parques naturales o santuarios donde se recuperan ejemplares que han servido para realizar alguna labor agrícola. 


La conciencia medio ambiental por parte de cada vez más sectores sociales ha propiciado que incluso en España todavía podamos disfrutar de entornos naturales dondo poder descubrir agrupaciones de caballos y yeguas en estado de libertad o semi-libertad. Las tres principales localizaciones geográficas dentro de la peninsula Ibérica donde se concentra el grueso de estos animales. Son por una parte los que habitan el parque nacional de Doñana en el sur de España, en este caso se trata de animales prácticamente domesticados. 


Que provienen en su mayoría de la variedad que se conoce popularmente como de Las Retuercas, raza que segun estiman los expertos se trataría de la más antigua de Europa, siendo el resultado de un cruce híbrido entre caballos andaluces y marismeños. Aunque viven buena parte de su vida pastando en las dehesas cerca de las marismas, son utilizados por los lugareños para festividades como la procesión del Rocio. Este último es una variedad de caballo cimarrón (asilvestrado), autóctono del parque de Doñana,  siendo una especie autóctona cuyo escaso número los ha colocado al borde de la extinción.


En el segundo caso nos tendremos que dirigir al este de España, más concretamente a la provincia catalana de Girona. En las montañas y valles que conforman el entorno natural de la localidad de Tregurà de Dalt, que pertenece al municipio de Vilallonga de Ter, en la comarca del Ripollès. a las orillas del río Ter, principal afluente de la zona donde todavía hay abundancia de fértiles pastos. Se reúnen los pocos ejemplares asilvestrados que todavía gozan de relativa libertad y no son empleados como reclamo turístico participando en alguna de las muchas actividades que se organizan en algúno de los pueblos de la comarca.  

Los caballos siempre han formado parte de las tierras altas gallegas


Pero si hay algún lugar donde de verdad poder contemplar en todo su esplendor cientos de caballos adueñandose del paisaje, siendo testigo de cómo sus primeros ancestros dominaban las veredas precipitadose en vertiginosas carreras por veredas y áreas escarpadas. Si lo que deseas de alguna forma es recuperar su espíritu nómada, de lo que antaño, hace miles de años podría ser oír en el horizonte el relinchar de decenas de miles de caballos que retozaban entre los arbustos y convivian en paz y armonía con el resto de los pobladores. 


Te tendrás que adentrar en lo más profundo del noroeste de España, partiendo de la ciudad gallega de Vigo hasta tras completar un sinuoso recorrido por carreteras secundarias, iniciar la búsqueda de los restos de este tesoro en la villa de A Estrada. Integrada en la comarca de Tabeirós-Tierra de Montes, que bien comunicado dista a tan sólo cuarenta y ocho kilómetros de la capital provincial de Pontevedra, aunque también se puede llegar desde Santiago de Compostela por la carretera provincial PO-841. 


O sea que nos disponemos adentrarnos entre bosques poblados por leyendas y meigas con el proposito de encontrarnos con algunos de los ultimos supervivientes del caballo gallego de pura raza.  La teoría más aceptada sobre el origen del caballo gallego sostiene que fueron los pueblos celtas llegados al norte de la península ibérica entre el siglo VII a. C. y siglo VI a. C. Quienes introdujeron un espécimen, de cabeza pequeña y orejas cortas, grupa fuerte, y pelo basto de color oscuro. 


Los caballos salvajes de A Estrada en Galicia, son una de las pocas poblaciones de caballos en libertad que se pueden visitar en Europa. 


A estos caballos galaicos o gallegos del norte peninsular, distintos de los ponis o asturcones, y también de la época medieval de la Reconquista, donde la cría caballar se asoció fuertemente a la actividad colonizadora de los monasterios establecidos entre el siglo X y siglo XI. Este tronco común se fue diferenciando tanto en terminos físicos como en conducta a lo largo de los siglos influenciado por las condiciones ambientales y la intervención de procesos de mestizaje dando origen a las diversas razas afines a la gallega que se extienden por la fachada atlántica europea desde Portugal hasta Escocia e Islandia.


Según estudios sobre su parentesco genético, está variante se encuentra estrechamente emparentada con otros subtipos del ámbito cantábrico-pirenaico como la jaca navarra y la pottoka. Posteriormente se ha establecido su más estrecho parentesco con la raza monchina, no incluida en anteriores estudios. Similitud en cualidades condicionada por erelieve del municipio que está caracterizado por zonas montañosas y valles fluviales muy similares a los que se observa en todo el norte de España.  


Siendo la cordillera más destacable, las que está presidida por el imponente Monte Xesteiras, que se sitúa al oeste, alcanzando alrededor de los setetientos metros de altitud. Desde donde se puede dominar la mayor parte del valle por donde discurre el vigoroso río Ulla, sobre todo en época de lluvias intensas. Un entorno cuyo ecosistema eminentemente lluvioso ha sido el hogar de esta variante durante cientos de años, y que tras pasar una época por la que se temía su desaparición ha conseguido estabilizar su poblacion, convirtiendose en un aliciente para los miles de visitantes que se acercan a fotografiarlos a lo largo de buena parte del año. 

El climax del rito es cuando ya en el suelo se le marca y rapa la crin en el espacio circular llamado Curro

Siendo las fechas más propicias en el calendario las que coincide con los festejos que se organizan con motivo de A Rapa das Bestas, una fiesta que se celebra durante el primer fin de semana de julio en el pequeño pueblo de Sabucedo donde al amparo de la ermita se le cortan las crines sin más instrumento que la fuerza física de los llamados altoradores. Que tras guiarlos hacia una estructura circular de mediana escala conocida como Curro. saltan sobre la grupa de los caballos para proceder a raparles principalmente las crines y la cola. 


Este trámite que pude durar varias horas dependiendo de la cantidad de equinos que esa temporada haya que trasquilar, se realiza acompañado de actividades donde las agrupaciones de gaiteros locales ponen el acento musical de una fiesta vernácula. Que se completa con los numerosos puestos donde te sirven platos de pulpo y demás variantes. De un acto lúdico cuya primera parte de la fiesta consiste en hacer descender los caballos que están diseminados por las poblaciones limítrofes en un radio de una veintena de kilometros, primera parte de una operación que forma parte de una liturgia cuya expresión popular y sus primeros antecedentes datan del siglo XVIII, aunque habría que puntualizar que hay historiadores que discrepan situando los inicios de esta peculiar fiesta mucho atrás en el tiempo. 

En los jardines del Pazo de la Oca se reúnen 8000 variedades de camelias, además de contar con un laberinto


Pues según estos se han recogido testimonios antiguos que atestiguan de la presencia de poblaciones de équidos en Galicia, pudiendose encontrar en numerosas representaciones rupestes que todavía se conservan en el área de Sabucedo. Así como en la diadema de Ribadeo, donde aparecen caballos montados junto a crías y guerreros, y los petroglifos de Viladesuso, con representaciones de carros tirados por caballos en Campo Lameiro y en la Sierra de A Groba, datados del periodo de la Edad de Bronce entre el 2500 a. C. y el 2000 a. C.


Reconocida como un acto festivo de interés turístico Internacional, siendo la cuarta que ha sumado la comunidad autónoma de Galicia. En términos generales toda la parafernalia y ambientación que se genera entorno a este peculiar evento merecen una visita, siendo la figura central la presencia del caballo, cuya plasticidad de movimiento se convierte en el único y principal espectáculo de todas y cada una de las actividades que se celebran a lo largo de un fin de semana. 


A Rapa das Bestas es una rito que hay contemplarlo desde una perspectiva cultural con matices arcaicos, en la que el hombre se media a la bestia en un gesto de afirmación y dominio del territorio. 


Aprovechando que se está por tan singular zona del norte de España, se recomienda reparar en su valioso patrimonio secular de estilo Románico, una ruta que se compone de hasta diecinueve templos entre los que se pueden mencionar  San Miguel de Moreira, San Martiño de Riobó, Santa María de Loimil o San Xurxo de Codeseda. Legado cuya visita se puede completar acercándote a algunos de los alicientes arquitectonicos con los que cuenta A Estrada, cuya población ronda cerca de los veinte mil habitantes. Entre los que se encuentra excelentes muestras modernistas como la actual Casa Consistorial y la Casa das Letras. 


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En los alrededores del municipio la protagonista es la naturaleza, conocidos como Lagoa Sacra y Brañas de Xestoso. Se trata de dos humedales que en sus poco más mil hectáreas concentra una gran y diversa riqueza natural, se estima que se formaron tras un periodo de glaciacion caracterizado por temperaturas extremas.  En el caso del paraje de Las Brañas acércate con prismáticos con los que podrás observar una gran cantidad de especies que se refugian allí. Especies como águilas, reptiles, zorros o lobos que conviven en un entorno cuya fauna no te deja de sorprender. 


Pero si hay un lugar iconico y que no puedes dejar de ver es el edificio de corte barroco que alberga el Pazo de Oca. Compuesto por tres volúmenes: La casa principal, la iglesia de San Antonio de Padua y los jardines que rodean un estanque donde conviven Ocas y cisnes. Estamos ante una reinterpretación de la tradición paisajística francesa. Se componen de espacios articulados creando un conjunto estetico con carácter propio. El juego barroco de las perspectivas y el fluir del agua se combina con el granito y especies vegetales insólitas. Construido entre los siglos XIII y XVIII, en la actualidad son propiedad de los duques de Medinacelli.