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Jordi Díez Fernández - Celia, miradas que atrapan el aire


Cuando vi por primera vez vi la escultura titulada Celia firmada por el escultor Jordi Díez Fernández, pensé inmediatamente que estaba ante uno de los bustos tipográficos del escultor Jaume Plensa.

En este caso la inspiración no tiene nada que ver con la relación entre las letras del abecedario, sino más bien con las relaciones humanas con su entorno humano y el lenguaje corporal, así  como con sentimientos mas afectivos y sentimentales. 

Ejecutada de forma delicada y fragil, los contornos de la cabeza de Celia,  recuerda a los rasgos de la Diosa Minerna, deidad  romana de la sabiduría y la mitologia. Aunque en este caso el volumen hueco y vacío de Celia, nos transmite transparencia y cercania.


Dedicado a su pareja, el busto realizado en acero inoxidable reproduce los contornos de la anatomía de la cabeza del ser querido. La pieza de grandes dimensiones se orienta al frente mirando al horizonte poniendo el acento en lo esencial, en una mirada que desborda el paisaje desnudándose y fundiéndose con el.

Nacido en la ciudad castellana de Valladolid, tras completar una primera etapa en Madrid se instala definitivamente en Barcelona. En cuyo estilo ha logrado crear una trayectoria  prolífica en términos creativos, habiendo en sus esculturas una variedad de materiales típicos de su oficio: piedra, hierro, madera y terracota. 


Celia que cuenta con otros antecedentes similares en la obra escultórica de Jordi, se integra de forma frágil y elegante reflejando la intensidad de su entorno que actúa como metáfora emocional de sus sentimientos hacia su compañera.
 

Para Jordi Díez estos materiales son el preludio para trabajar exclusivamente con acero inoxidable, un metal en el que encuentra el potencial expresivo que necesita para sus obras, dejando atrás el discurso de la representación virtuosa y dando paso al interior, a la energía interior. En esta investigación formal se encuentra plenamente con la presencia del vacío, el vacío, la deconstrucción de la superficie. 

Así, Jordi Díez utiliza el metal estrictamente necesario para tratar de atrapar el aire que contiene la forma, alcanzando un grado de síntesis y ligereza que potencia la expresión y la sensación de estar frente a la realidad que hay detrás de lo tangible.

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